Cuento 52
Lo que sucedió a la cigarra y la hormiga
Otra vez habló el conde Lucanor con Patronio, su consejero, del siguiente modo:
- Patronio, mi fiel vecino está arreglando el tejado por si llegan tiempos de lluvia y frío y yo no lo estoy arreglando. ¿Qué debería hacer?
- Señor conde Lucanor,- dijo Patronio-, Para que sepais lo que más os conviene hacer, me gustaría contaros lo que sucedió a la cigarra y la hormiga.
Y el conde preguntó lo que había pasado.
- Señor conde –dijo Patronio-, estaban en un campo , viviendo en buena vecindad una hormiga y una cigarra. En el verano, la hormiga estaba trabajando para conseguir comida para el invierno, mientras la cigarra estaba descansando a la sombra de un árbol.
-¡No trabajes tanto, chica!- dijo la cigarra-. Haz como yo:
descansa y diviértete.
La pequeña hormiga no le hizo caso. Cuando llegó el invierno y escasearon las provisiones, la cigarra, hambrienta fue a pedirle comida. Entonces, la laboriosa y previsora hormiga sin abrirle la puerta contestó:
-Si hubieras trabajado en el momento oportuno como yo, hoy no carecerías de comida. Canta, pues, ahora, mientras yo como.
Así, vos, señor conde Lucanor, debéis saber que no debe ser perezoso, no holgazaneé y haga lo que debe hacer así cuando llegen tiempos malos no se arrepentirá.
El conde pensó que era un buen consejo, lo siguió y le fue muy bien.
Viendo don Juan que este cuento era bueno, lo mandó escribir en este libro y compuso estos versos que dicen así:
Trabaja y no seas perezoso
Si quieres comer y ser dichoso