En el centro del cuadro se encontraba un pequeño niño con los pies negros como el carbón. Tenía unos pantalones muy pobres que le llegaban poco más arriba de la rodilla. También una sucia camisa a la que le habían cosido varios trozos de telas. En el corto pelo se le notaban unas pequeñas calvas. Este niño se estaba quitando pequeñas pulgas que picaban como la pimienta.
Al lado de él y tirada en el suelo se encontraba una cesta de mimbre. En su interior había manzanas de todos los tamaños. Al lado de ésta había un gran jarrón de cerámica.
Encima de éste había una gran ventana que no tenía cristal. De ella entraban luminosos rayos de sol que alumbraban al pequeño niño. Se ve que esa habitación era muy pobre porque no tiene ni una mano de pintura.
